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El CESID: Nuevos tiempos, nuevas estructuras

En 1977, tras la celebración de las primeras elecciones generales de la democracia, Adolfo Suárez es el nuevo Presidente del Gobierno. Con el inestimable impulso del entonces Vicepresidente para Asuntos de Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado, el 4 de julio de ese mismo año nace el que sería el primer Servicio de Inteligencia de carácter Nacional, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), para sustituir al viejo SECED, los servicios de información de Carrero Blanco, y a la Inteligencia Militar, situada en el Alto Estado Mayor de los Ejércitos.

Con su creación por el Real Decreto 1558/77, España se equiparaba al resto de países occidentales, que ya contaban entre sus organismos oficiales con instituciones de características parejas.

EL CESIDCuatro meses después, el 2 de noviembre, el Real Decreto 2723/77 establecía que el CESID sería el órgano encargado de obtener, evaluar, interpretar y facilitar al ministro de Defensa cuanta información fuera necesaria o interesara a la Defensa Nacional, atendiendo prioritariamente a las necesidades de la Junta de Jefes de Estado Mayor.

En sus inicios con personal casi exclusivamente militar que provenía del SECED y del Alto Estado Mayor, posteriormente fue incrementando el número de civiles en sus filas, hasta llegar al hito del primer director civil, aunque eso ocurriría casi 25 años después.

El general D. José María Bourgón López-Dóriga fue el primer director del Servicio, un organismo que entonces se estructuraba en tres divisiones: la de Inteligencia Interior (la más potente por contar con la experiencia de sus organismos predecesores), la de Inteligencia Exterior y la Técnica. No tenían una sede única sino varias repartidas por toda la capital de España.

A Bourgón le sucedió en el cargo el general D. Gerardo Mariñas Romero, que fue director de un Servicio de Inteligencia centrado en dos amenazas que, en aquel entonces, preocupaban a todos aquellos organismos encargados de la defensa de la democracia en España: el involucionismo o los intentos de algunos de volver al antiguo régimen, y el terrorismo de ETA.

Estas prioridades quedan incluso mejor definidas en el Real Decreto 726/1981, ya con Leopoldo Calvo Sotelo en el Gobierno, y con el Teniente Coronel D. Emilio Alonso Manglano en el cargo de Director, puesto en el que permaneció durante quince años. Ese R.D. encargaba al CESID "obtener, evaluar, interpretar y facilitar al titular del Departamento de Defensa cuanta información fuera necesaria o interesara a la Defensa Nacional y que ayudaran a prevenir amenazas involucionistas, desestabilizaciones constitucionales y acciones de espionaje".

EL CESID La "DEFENSA NACIONAL" se convertía así en el eje de la labor de un Servicio que iba creciendo con el tiempo en medios e instalaciones.

Esta labor se vió refrendada con la Orden Ministerial 135/1982, en la que se señalaba en su artículo primero que el CESID era el órgano encargado de satisfacer las necesidades de información del Presidente del Gobierno para el ejercicio de las funciones de dirigir y coordinar la acción de Gobierno en materia de defensa y del Ministro de Defensa para la ordenación y coordinación inmediata de dicha política y la ejecución de la política militar. Fruto de ello es la creación de nuevas misiones que englobaban y ampliaban las anteriores: Inteligencia Interior, Inteligencia Exterior, Contrainteligencia y Tecnología, Procedimientos, Objetivos e Instalaciones de Interés para la Defensa.

Posteriormente, el Real Decreto 135/84 lo definió como "el órgano de información del Presidente del Gobierno para el ejercicio de sus funciones de dirección de la política de defensa y de coordinación del Gobierno en la Defensa del Estado, y del Ministro de Defensa en el ejercicio de las funciones que le corresponde en materia de política de defensa y política militar".

En suma, los trabajos del CESID en los primeros años de dirección del General Alonso Manglano se dirigieron fundamentalmente a colaborar en el proceso de constitucionalización de las Fuerzas Armadas.

En esos años 80 se dan varios hitos en la historia del Servicio de Inteligencia español, no todos positivos pero siempre educativos para generaciones futuras.

Por un lado, y no es baladí, la construcción de una única sede central, situada en la Carretera de la Coruña, en el tramo más conocido por la Cuesta de las Perdices, que evita la dispersión e incrementa la eficacia al trabajar en un mismo espacio físico.

Paralelamente la profesionalidad perseguida en las FAS empieza a consolidarse en los años 1984-1985, y el CESID puede entonces iniciar su apertura al exterior, comienza a conocer la organización de otros Servicios de Inteligencia y establecer con ellos relaciones institucionales que fructificarán con una cooperación permanente en un mundo dominado por la guerra fría.

Su atención se centra principalmente en la estabilidad del Mediterráneo, y su especializacicón en este área geoestratégica le transforma en el mejor especialista en inteligencia del Norte de África y Oriente Medio.

EL CESID Se produce por ello un salto cuantitativo y cualitativo en el interés y los medios que afectan a la División de Inteligencia Exterior, en unos años de consolidación de España en la escena internacional, como refleja bien a las claras el ingreso de nuestro país en la Comunidad Económica Europea y en la OTAN.

Progresivamente se va consolidando el reto de la proyección exterior, y el CESID abrió delegaciones en numerosos países y estableció relaciones de colaboración con otros servicios similares en terceros países.

Estas relaciones llevan incluso a mantener contactos periódicos con los Servicios de Inteligencia de la "temida" Unión Soviética, el KGB o el GRU, que sirven para suavizar tensiones en el teatro europeo en momentos en los que se discute el despliegue de los misiles estratégicos estadounidenses para la defensa del continente, ante un posible ataque nuclear de las fuerzas soviéticas.

Se fortalecen las relaciones con los servicios israelíes, egipcios, sirios, jordanos, iraníes e iraquíes, entre cuyos países siempre han existido confrontaciones y tensiones.

En paralelo, el CESID desarrolla una actividad de inteligencia nunca violenta, que tiene como objetivo el conocimiento y evaluación de los apoyos de los movimientos terroristas, tanto nacionales como internacionales, que cometen atentados en España. Esta actividad fue iniciada bajo el mandato del Ministro Rodríguez Sahagún y ha continuado, reforzada, a través del tiempo.

Como Servicio de Inteligencia, el CESID no tiene competencias policiales, sino que su función se limita al análisis de situaciones que después pone a disposición de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que son los que tienen a su cargo la persecución de los delitos en defensa de las libertades públicas.

Esta etapa de expansión y consolidación del CESID se vio temporalmente enturbiada a consecuencia de una sustracción de información clasificada con fines de utilización política que motivó numerosas críticas contra el Servicio. La crisis provocada por estos acontecimientos implicó, en 1995, la designación de un nuevo director, el General de División D. Félix Miranda Robredo quien permaneció en el cargo hasta el nombramiento del Teniente General D. Javier Calderón Fernández en mayo de 1996.

En el año 95 se aprobó el Estatuto de Personal del CESID por el Real Decreto 1324/95 y que daba cumplimiento a la disposición final octava de la Ley Orgánica 17/89, que, si bien hacia el exterior no tuvo especial relevancia por tratarse de una normativa de carácter interno, sí lo tuvo para sus miembros, que vieron el camino para su definitiva profesionalización como integrantes del Centro.

El año 2001 marca una nueva rúbrica a la modernización del CESID con el nombramiento del primer civil como Director, con rango de Secretario de Estado, a D. Jorge Dezcallar de Mazarredo, y la primera mujer como Secretaria General, Doña María Dolores Vilanova Alonso.

Un año después, en 2002 nace el Centro Nacional de Inteligencia, que hereda director y funciones pero que mejora lo existente al estar basado en dos leyes que marcan su funcionamiento y que, por primera vez, le dotan de los instrumentos precisos para cumplir los objetivos asignados por las disposiciones legales y reglamentarias.


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